PRIMOS CALIENTES
- Valentin Alonso
- Jun 25
- 7 min read

PRIMOS LEJANOS.
Hola yo soy Everardo, tengo 23 años y quiero compartirles lo que pasó con mi prima la Claudia, ella es ciudadano americano, vive en un pueblito texano a 20 minutos de Laredo Tx.
Claudia es 2 años más pequeña que yo, ella es hija de un hermano de mi madre, y esto sucedió hace 2 años, o sea yo tenía como 21 años y ella pues 19.
Y pues bueno, claudia no fue precisamente la más brillante de su clase, siempre odiaba la escuela y nunca se vio yendo a la universidad, sólo terminó hasta la preparatoria.
Desde niños nos acostumbramos a pasar las vacaciones juntos, siendo su padre el único hermano de mi madre pues nos hicimos muy cercanos y siempre los planes eran llegar a visitarlos a su casa, pasar unos días con ellos y en ocasiones ir a la playa por carretera.
Solo que, pues el tiempo fue pasando y dejamos de ser niños, ya habíamos cambiado mucho, pero lo que no cambiaba era la tradición de pasar vacaciones con ellos, verano, navidad, año nuevo, etc.
En aquella ocasión, vacaciones de verano, fuimos a visitarlos, sólo íbamos mi madre y yo, ya que mis padres son divorciados. Saludé a mi tío y le pregunté por Claudia;
Está trabajando mijo -me respondió, con algo de orgullo-
Mi tío nos explicó que Claudia había conseguido un trabajo de verano en un McDonald's, porque quería juntar dinero para un carro, y que no tardaba en llegar a la casa.
Mientras, mi madre y yo nos instalamos en el cuarto de visitas, donde siempre nos hospedaban.
Más tarde llegó mi prima, bajé a saludar, la verdad a mí nunca me había pasado por la mente nada bizarro con mi prima, pero algo pasó esa tarde, cuando la vi entrar por la puerta, con su uniforme del restaurante, el olor a condimentos, que me hizo volar la imaginación, ¿por qué me excitaba eso? -me pregunté-
Se le veía cansada, pero al mismo tiempo feliz, nos quedamos platicando en la cocina, nos pusimos al día, mi tío y mi madre se asomaron desde la puerta sólo para decirnos que saldrían a unas vueltas, y que regresarían en la noche.
Les dijimos que estaba bueno, y se fueron en el coche de mi tío.
Quiero darme una ducha, apesto a cocina -me dijo claudia, dirigiéndose a su habitación-
Okay, estaré en mi cuarto -le respondí-
Subí a la habitación de huéspedes, me acosté en la cama mirando hacia el techo.
Aquel era uno de esos baños compartidos, es decir, que por un lado hay una puerta a una de las habitaciones, y por la otra puerta a la otra habitación. Escuché el agua de la ducha caer con fuerza, y por momentos pensé, "caramba, estamos los dos solos y sólo hay 2 metros de distancia entre claudia y yo". pero suprimía esos pensamientos abofeteándome yo mismo.
Con algo de curiosidad, caminé hacia la habitación de mi prima. Al pie de la cama estaba su ropa de trabajo amontonada, hecha bola. El aroma a condimentos me encendía, pero más me encendió lo que vi dentro de su pantalón; su pantaleta blanca. Me agaché, la tomé, sentí pulsaciones fuertes en el tronco de mi pene tan solo al tocar su prenda íntima. La acaricié, la sobé contra mi rostro, pegando mi nariz justo en la parte más estrecha donde había estado la intimidad de claudia. Algunos vellitos cortos y rizados se habían atorado entre la tela. Un olor con un ligero acento avinagrado, característico de una sexualidad sana, mezclado con su sudor y su transpiración entraron por mis fosas nasales.
De pronto la puerta del baño, no tuve tiempo de huir, Claudia me sorprendió en la penosa maniobra. Solté su ropa interior como el chiquillo que suelta el cerillo que estaba a punto de encender contra la cortina de la sala.
Un fresco aroma a body de coco se instaló en el aire. Todo era silencio, excepto por el sonido del aire acondicionado Claudia apareció entre una nube de vapor. Ya vestía una coqueta pijama color rosa.
¿Qué estabas haciendo? -preguntó, imprimiendo un gesto de intriga y morbosidad-
Hola -le dije, sonando tonto- estaba recogiendo un poco
Mi respuesta sonó tan estúpida como debió sonar.
Te ves nervioso -me dijo, sonriendo por un instante-
Creo que lo estoy Claudia, será mejor que regresé a mi habitación -le respondí, intentando escapar de allí lo antes posible-
Pero Claudia me bloqueó el paso, impidiéndome salir.
Tenemos algunas cosas qué aclarar -me dijo, en tono firme-
¿Recuerdas cuando éramos niños? -me preguntó, con aire nostálgico-
Si -le respondí, intentando ignorar la evidente erección que no desaparecía-
Tu mamá te metía a bañar y te enojabas porque te sacaba sin nada y no querías que yo te viera -me dijo, sonriendo con una mueca-
Claudia se sentó en la orilla de la cama, apartando brevemente la mirada.
Tenía 8 años -me justifiqué-
Claudia rió, como quien recuerda con cariño algo valioso en el tiempo. Después se puso seria.
La verdad es que llegué a verte dos o tres veces, salir de la ducha, y ya no tenías 8, tenías 14 o 15. -dijo claudia, como confesándose un gran crimen en voz alta- Realmente habías crecido
Pero, ¿cómo? yo nunca.... -intenté preguntar, pero me interrumpió-
Detrás de mi clóset, hay un hueco de ventilación -comenzó a explicar, apuntando con su mirada hacia un rincón del clóset de su habitación- por allí te observaba, primero por curiosidad, pero cuando regresaste en la navidad.... -claudia se detuvo, cerrando sus ojos- vi tu verga claramente, apuntando al cielo, gruesa, como un hermoso tulipán -continuó, acariciando su pecho- después, esa noche, imaginé que entrabas por esa puerta y me la metías mientras yo dormía.
Quedé en shock, mirándola, cómo abría lentamente sus ojos y apretaba sus labios, mirándome.
Claudia yo.... -intenté decir algo-
Shhhh, no digas nada, sólo escúchame ¿quieres? -me ordenó-
Yo no sé si esté bien, yo no sé si esté mal, sólo sé que siempre ha vivido esa especie de curiosidad, de fantasía erótica en mi cabeza, de coger contigo, si quieres llámalo algo tonto, sólo quería sacarlo. -agregó-
Claudia, me estás excitando. -le dije, sin filtrar mis palabras-
Claudia me miró en silencio, diciéndome, ¿y qué hacemos?
Le quité la toalla de su cabeza, su cabello húmedo y oliendo rico cayó, ella lo acomodó cuidadosamente hacia atrás.
Me acerqué a ella, mi pene estaba perfectamente a la altura de su rostro. Desabroché mi pantalón, lo azoté en su cara. Claudia suspiró en un gemido ahogado mientras el sonido de la piel de sus mejillas chocando con mi pene rebotaba en la pared de su recámara.
Quítate esto -le dije, estirando el elástico del pantalón de su pijama-
Creo que lo que tú viste fue esto -le dije, restregando mi miembro por todo su rostro-
Claudia sonrió, aún con timidez. Lo tomó con sus manos, dudosa, estremeciéndome al primer roce de sus dedos.
Sus piernas flacas me parecían hermosas, acaricié el borde de su pata de camello, eso la relajó.
¿queremos hacer esto, claudia? -le pregunté-
Ya es muy tarde para esa pregunta estúpida -me respondió-
Azotamos la puerta de su habitación y terminé de quitarle todo, por alguna razón quería hacerlo, olvidándome de quiénes éramos, olvidándome de todo tapujo moral y consensual.
¡Por Dios Primo! -exclamó ella, cuando separé sus piernas para darle sexo oral-
Claudia arrugaba las sábanas con sus uñas, arqueando su espalda, estremeciéndose por el placer que recibía de mi ansiosa boca, que simplemente se movía por voluntad propia.
El roce de la alfombra en mis rodillas, y el de las sábanas sobre el tronco de mi pene erecto eran un aviso permanente de mi completa desnudez frente a mi prima, revoloteando imágenes amorfas multicolores en mi mente, como una especie de droga idiotizadora aspirando el aroma de su intimidad llevándome a mundos lejanos.
Claudia respiraba cada vez más agitada, cada vez más violenta, y sus labios rosados, húmedos y lubricados justo a 1 centímetro de mi rostro despertaban en mi un mundo de curiosidad. Los masajeé con mis pulgares, lamiendo como un cachorro bebiendo de un tazón de leche, mirándola a ella estremecerse, disfrutando el placer.
Bebí un poco de su elíxir, subí por su ombligo, besé sus pezones endurecidos, firmes, y llegué hasta su boca, permitiendo el roce de mi pene en la suavidad de su vagina ardiente.
Me empujó hacia un lado, fue bajando lentamente dibujando un trazo de saliva con su lengua desde mi cuello hasta mi ombligo, deteniéndose justo cuando la punta de mi pene tocó su barbilla.
En ese momento pensé ¿Lo va a hacer? Madre mía ¿Lo hará?
Besó con ternura el ojo de mi pene, extendió su lengua, introdujo la punta en el pequeño orificio, jamás me habían hecho eso antes. Lo tomó de la base, acariciando mis testículos con su otra mano, una electrizante corriente erizó cada poro de mi piel.
Mi pene fue desapareciendo lentamente dentro de su boca, cálida, húmeda, con un ritmo desquiciantemente lento y sexy.
No manches, qué rico -dije, sin pensármelo-
Claudia buscó mi mano con la suya, sin dejar de mamar. Entrelazamos nuestros dedos, Claudia se apartó haciendo un sonoro “pop” con el vacío de su boca contra mi pene. Subiendo hacia mi rostro con ojos adormecidos, besándome en los labios apasionadamente.
Se posicionó de perrito en la cama y simplemente penetré en ella, separando sus glúteos quería memorizarlo todo, entrar despacio dentro de ella, como si el demonio se nos hubiera metido, sintiéndome raro, pero atraído por lo indebido de la situación.
Fue algo muy breve, porque el celular de claudia sonó, era mi tío, para avisar que venían en camino con la cena.
¡apúrate! -gimió Claudia, revisando el mensaje de su papá en su celular y respondiéndole con un “ok”
La deliciosa vagina lubricada y estrecha de claudia fue como encontrar un tesoro oculto, pasaron ideas locas por mi cabeza de convertirla en mi puta personal de confianza, pero debía concentrarme en llegar al orgasmo, empujando con ritmo acelerado en su trasero con el tiempo en contra.
Claudia llegó al clímax casi al mismo tiempo que yo, eyaculando con fuerza dentro de ella, apartándome para lanzarle un par de disparos en la espalda, que recogí con mis manos, metiéndoselos en su boca suavemente, un dedo a la vez. Claudia los saboreó con perversidad.
Corrimos rápido, recogiendo nuestras ropas, ella entró al baño y yo corrí a mi habitación, mirando estrellitas a mi alrededor.
Las luces del coche de mi tío aparecieron por la ventana, segundos después entraron él y mi madre llamándonos para cenar.
Nos había salido bien, no dejamos huella de lo que pasó.
Esta fue la historia.


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